Para lo que sirve el poder

La famosa temporada de exámenes universitarios sobrepasa su mitad y unos pocos días mas le faltan para acabar.

Resultados visibles, notas de matricula de honor en el tablón junto a mi nombre legal, la capacidad de tener un numero mas alto que otros, el pequeño prestigio que otorga la cifra. Bobadas, sigue sin importarme cuan alto es el decimal. Yo solo quiero una oportunidad y esos emblemas del orgullo materializados en calificaciones podrían ayudarme.

El balón de basket le acompaña. Sin ningún interés en el baloncesto botare la pelota mas fuerte que nadie, es algo necesario para un mundo mejor y es mi deber entonces.

Incluso traicioné mis ideas, es justo realizar aquellos detalles que el verdadero criterio considere benévolos. Ese es el motivo de que mis baquetas suenen junto a las saetas de semana santa.

Han sido las noches largas cuando entraba a lugares con marca como “long rock”, “góngora” o “malibú” que no dejaban de ser locales nocturnos donde siempre resurgía la desesperación de intentar alzar una llamada al aire y que alguien la recogiera, sabiendo que nadie le prestaría atención.

Cualquier evento multitudinario y variopinto de la región ha sido mi llamada a prepararme una vez mas para realizar una expedición entre los mares de humanos que se presentaban.

Patrullar el tiempo y el espacio. Entrenar y estudiar, el poder de incrementar cualquier capacidad un minuto detrás de otro. Un mundo mejor, donde pueda vivir quien amo construido con todo el poder y destruyendo mis propios ápices de egoísmo. Trascendiendo cualquier situación un mundo donde todos habitan es un medio por el que me aseguro que los beneficios que pueda realizar les lleguen. Como si del infinito cielo se tratase, cuanto mas hábiles sean mis manos, más fuertes mis brazos y más sagaz mi perspicacia, cruzara todo el planeta si es necesario para afectar a toda la vida residente.

Sin importar cuantos millones de seres infundidos en maldad desmerezcan las mejoras, solo por cinco mujeres ya merece la pena el sacrificio del cuerpo, de la mente, del cansancio y del olvido.

He conocido mi condena y no se trata de una prisión ni de una guillotina, es justicia, la acepto, la valoro y la realizo. Y aun así puedo amar y tengo la seguridad de que eso no se me puede robar.

Esto no es ningún juego, ninguna de estas palabras es única poesía, seria un error dudar de la realidad. Tampoco es una declaración de intenciones, es tarde para eso. Ni tampoco es una crónica porque no estoy tratando lo que ha pasado. No es una buena descripción, faltan detalles. Así pues, ¿será que aun no he obtenido el poder siquiera para definir este texto? Desalentador carecer de una capacidad tan simple.

Yo no vivo sin esperanza, es simplemente que tengo prohibido tener una esperanza egocéntrica, una esperanza que sea por o para mí. Mi esperanza fue otorgada, me la regalaron, me la concedieron y con todo ello fue acompañada una fuerza vital que me permite encontrarme con vida en lugar de haber renunciado a la cordura o a la salud.

El precio es infinito y voy a pagarlo.

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