“Quien mas me aprecia, a mas metros en distancia esta”
Alguien debió decirlo o al menos pensarlo sobre si mismo antes de que yo lo observase acerca de mí.
Vivo pegado a personas que me desean en su olvido mientras que yo no voy a parar para amigarlas y agradarlas. A cualquier niño se le podría ocurrir eso y en un mundo de adultos no podría encontrarse con algo más difícil. Mucho me temo que encima soy viejo.
La verdad es que hablo con muy poca gente al día, muy poca pero habitualmente trato con dos personas.
Durante todas las tardes hablo con una chica que vive en una ciudad mucho más grande que el lugar donde yo resido. Tiene sus propias tribulaciones y confía en mí y no solo en mi palabra lo cual no deja de impresionarme ningún día. No tiene una mala vida, pero siempre hay un detalle desencajado del que podemos tratar. Es maravillosa, verdaderamente puedo notar las cosas que aprende y no me refiero a las densas materias de los libros de texto, de entre los cuales no es precisamente la reina, sino más bien a las experiencias de contacto y conflicto. No es consciente aun de algunas formas de peligro, ni tampoco del humano poder de crear y realizar sus deseos pero no dudo de que fabricara su propia valentía para conseguirlo.
Por las noches mi conversación se refugia en un chico que habita en un núcleo urbano más reducido al que es mi entorno. Lleva un ritmo de vida normal y es un ejemplo de inconformismo moderado y esfuerzos disipados, es joven y no se extralimita en sus acciones. Parece que no se ha dado cuenta de que el también tiene un nivel mucho mas alto que los demás para las artes que practica y es que ese es uno de los efectos que tiene la enseñanza en centros especializados, que tu entorno pasa a ser tan profesional, que ciega el talento adquirido. Sin embargo es bastante feliz y sigue practicando para no perder el tiempo. Me impresiona como demuestra que quiere conocer mi presencia, que realmente quiere verme sin que no haya mas cosas que el aire de por medio, que quiere escucharme mientras me estrecha la mano. Y acudiré a que pueda y podamos hacerlo de verdad, a que nuestros puños puedan chocarse y nuestras palabras cruzarse.
Y si fuese egoísta me gustaría decir “ojala pudieran controlarme”.
