Salio al balcón. No era muy amplio, unos 3 metros cuadrados, lo justo supongo para un piso como este. Creí que hasta sus pequeños rizos marrones del pelo se sorprendieron cuando vio a una de las chicas fuera, supongo que no se lo esperaba. No se acordaba de su nombre, pero aun así comenzó a hablar.
- ¿Que haces aquí? – Ah, suena ridículo lo obvia que es esta pregunta cuando recuerdas esta clase de situaciones, pero durante ese momento es tan natural que nadie pensaría que es innecesaria.
– No se que hacer.
– Ni yo a lo que te refieres.
– Yo he venido hasta aquí, dejando un poco atrás mi casa y queriendo alejarme de mi pasado y ahora que estoy aquí en lo único en lo que pienso es en si no estaré intentando pensar otra cosa a la que quiero o en si no se lo que quiero. Cosas de chicas supongo.
– No creas que somos tan diferentes, yo creo que siento algo parecido.
– ¿Y eso? ¿Sobré que piensas?
– Sobre nuestro anfitrión. Nunca le había visto hasta ahora personalmente y ahora es todo diferente. No es que mis ideas sobre el fueran discordes, son las mismas pero verle en persona da una presencia tan adulta, me siento extraño.
– Yo ya lo sabía. Le habré visto 3 o 4 veces antes de hoy, también vivo en otra ciudad, y la primera vez que le ví… oh bueno, vino solo a saludar cuando sabia que no íbamos a tener tiempo de mas, pero vino y nos conocimos mejor aunque el me lo hizo mejor que yo, ya sabes, esas cosas del lenguaje visual se le dan bien, mientras que yo me lleve una primera impresión sobre un tipo que no ha dejado de ser raro en ningún momento.
– Creo que me gusta. Es mágico. Verdaderamente es el mismo por teléfono o internet y a la vez desprende algún tipo de aura a su alrededor que hace que todo salga bien, como si fuera un superpoder.
Ella de repente cambio la mirada, se habría dado cuenta de algo o quizás hubiera recordado una cosa, entonces le contesto:
– Me lo plantee una vez, sobre si me gustaba o no y quise olvidar eso pero ayer justo reapareció la idea. Supongo que te comprendo en ese aspecto.
– Oh, no lo habría imaginado, de verdad.
– Bueno, no creo que pegue con el. Es atento y dedicado a cualquier cosa mientras que yo… digamos que no he descubierto aun mi vocación. Hasta ahora creía que me conformaba con nuestra amistad a distancia pero me pongo mala de pensar que en unos días tengo que regresar con mis padres.
– Debes de tener problemas allí, lo siento por ti.
– No, realmente las dificultades que tengo no son grandes obstáculos, de hecho él me lo enseñó y pude sobreponerme porque me hizo abrir los ojos. En realidad me tira más el estar aquí que el evitar volver.
– Huh, visto así creo que sobro.
– No digas eso, no es como si fuéramos rivales. Yo no lo tengo claro y además eres un chico muy guapo.
– Pues no me has visto bien…
– Anímate un poco, que la que estaba melancólica aquí fuera era yo y ahora me estas ganando.
Se escuchaba un camión basurero de fondo trabajando. A pesar de ser una noche de marzo no hacia frío, pero tampoco podrías salir a la calle con manga corta.
Un chico y una chica estaban hablando en un balcón de un barrio residencial y allí se estaba gestando un cambio en la forma de moldear la realidad de ambos sin que nadie se diera cuenta. Mientras estaba yo fregando los platos y el resto de la gente estaba en el salón jugando a las cartas, una escena sin nada fuera de lo común.
En ese momento lo único que quise fue trabajar de nuevo en esa teoría minúscula que unos tipos que decían saber mucho del tema la tildaron como “el primer atisbo de la formula de la felicidad”. Demasiado pretencioso para un estudiante de farmacéutica como yo.
Por fin, sonó el timbre pulsado por esa persona que estaba invitada y faltaba, por ese que era tan fuerte que ninguna guerra lo habría llevado a la muerte, por ese tipo que nunca sabes donde esta cuando no lo necesitas aunque su numero es como si estuviera escrito en cada una de tus lagrimas. Volvió mi compañero de piso. Regreso y entonces ya nos podríamos divertir todos juntos. Yo le presentaría a mis amigos que han venido para la ocasión, jugaríamos a algo, quizás buscaríamos algo curioso por la web para enseñarlo, discutiríamos sobre alguna de las últimas noticias o le contaría la anécdota de esta mañana con el periódico en el hospital.
Era el momento en el que su día termina y empieza mi noche.
Escrito por Evle 