Cuentecillo 2

Teníamos un cerezo en nuestro modesto jardín. Recuerdo que mi madre lo cuidaba y le gustaba disfrutarlo descansando recostándose en su tronco. Una vez, mientras el cerezo estaba en flor, salí de casa y el pregunte:

- Mama, ¿Por qué somos felices?

- Puedo comprender tus motivos para preguntármelo pero yo tampoco lo entiendo muy bien.

- ¿Y como podría saberlo?

- Veamos, ¿me quieres mucho?

- ¡Si, mama!

- Entonces, ¿Qué pasaría si me fuera?

- Me pondría muy triste.

- Pues puedes decir que para ser feliz tienes que tener lo que quieres, ¿no?

 

Le creí y mas tarde me di cuenta de que era así pero que también hay otras cosas además de que es diferente para cada persona aunque para todos es muy parecido.

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